Cuándo no necesitas una VPN
Por qué escribimos esto
Regalamos una VPN, así que este artículo va en contra de nuestro interés inmediato. Lo escribimos igual, porque recomendar una herramienta para un problema que no resuelve acaba perjudicando a quien confió en la recomendación.
En tu red de casa, para uso normal
Si navegas desde tu propia red, ya controlas el primer tramo. Una VPN ahí solo cambia quién ve tus dominios: en lugar de tu operadora, el proveedor de la VPN.
Puede tener sentido si prefieres que tu operadora no lo registre. Pero no lo confundas con seguridad añadida: la red de tu casa no se vuelve más segura por usar una VPN.
Cuando el problema es otro
Si quieres evitar rastreo publicitario, lo que necesitas es un navegador que bloquee rastreadores y una buena gestión de cookies. Una VPN no toca las cookies.
Si te preocupan los virus, necesitas mantener el sistema actualizado y no instalar software de origen dudoso. Una VPN no ve el contenido de lo que descargas.
Si temen entrar en tus cuentas, la solución es verificación en dos pasos y contraseñas únicas. Una VPN no protege una cuenta cuya contraseña alguien conoce.
Si tu vida depende del anonimato, necesitas Tor y formación en seguridad operacional. Una VPN comercial conoce tu dirección real.
Cuando puede estorbar
Banca online. Muchos bancos marcan como sospechoso un acceso desde una dirección de VPN y bloquean la sesión.
Servicios que la prohíben en sus condiciones. Algunas plataformas cierran cuentas por ello. Merece la pena revisarlo.
Videollamadas. El rodeo añade latencia, y en una reunión larga se nota.
Portales cautivos. La wifi del hotel no cargará su pantalla de acceso si tienes la VPN activa antes de conectarte.
Dónde sí, entonces
En redes que no controlas, cuando viajas, cuando trabajas fuera de la oficina, y cuando tu red bloquea servicios a los que necesitas llegar.
Fuera de esos casos, no pasa nada por tenerla apagada. Una herramienta usada donde corresponde vale más que una encendida por costumbre.